
- En el marco del Día de la Madre, Pronabec resalta la historia de joven piurano que estudia Ingeniería Civil y busca ser profesional de éxito para comprarle una casa a su abuelita.
Hilda Rodríguez tiene 74 años y ya no puede mover las manos de forma brusca ni repentina. Por eso, cuando su nieto Ángel se acercó emocionado mientras ella cocinaba, le pidió que esperara un momento. “Todavía no me digas”, le respondió. “Ya, abuelita, apaga tu candela”, insistía él, conteniendo la emoción. Apenas apagó el fuego, soltó la noticia que les cambiaría la vida:
“¡Mamita, he ganado la Beca 18!”
“¡Ay, hijito de mi vida! ¡Qué lindo! ¡Gracias, Señor bendito!”, respondió ella, mientras lo contenía en sus brazos.
Ángel Celis Rodríguez, de 17 años y natural de Piura, llama “mamita” a Hilda porque ella asumió el rol de madre cuando Ana María, mamá del joven, falleció hace tres años.
“Mi nieto quedó huérfano y yo me hice cargo de él para ayudarlo en sus estudios y acompañarlo como una mamá. Le he dado cariño, amor y responsabilidad. Siempre he tratado de que se alimente bien”, cuenta Hilda.
Desde entonces, Ángel se concentró en un objetivo: ganar la Beca 18 del Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (Pronabec) del Ministerio de Educación, para iniciar sus estudios superiores.
En ese camino de esfuerzo no estuvo solo. Su abuelita le preparaba avena y quinua antes de estudiar, mientras otros familiares, como su hermana mayor, quien siempre ha estado a su lado, también se involucraban para ayudarlo a alcanzar la meta. Uno de ellos fue su cuñado, matemático de profesión, quien lo apoyó con los problemas de geometría que no podía resolver.
Por eso, cuando llegó la noticia de que había obtenido la beca, la alegría fue compartida. La familia salió a celebrar comiendo pollo a la parrilla y, entre risas, abrazos y besos en la cabeza, terminaron el día en otro lugar importante para ellos: el cementerio donde descansa Ana María.
“Mi mamá era una profesora muy buena, optimista y sonriente. Sé que me ha ido apoyando en espíritu y dando fuerzas desde donde esté”, dice Ángel.
En abril, el joven inició la carrera de Ingeniería Civil gracias a la Beca 18, convocatoria 2026. Accedió a esta oportunidad a través de la modalidad Protección, dirigida a jóvenes menores de 22 años que viven bajo la tutela de familiares o en centros de acogida del Estado.
Ahora, Ángel se suma a los más de 60 mil becarios que continúan sus estudios superiores con el apoyo financiero del Pronabec, en el marco de la reingeniería de la institución para generar mejores oportunidades en beneficio del país.
El joven piurano piensa en su futuro, el del Perú y en el de la persona que más lo ha acompañado desde la pérdida de su madre. “Quiero ser un buen ingeniero y apoyar a mi abuelita. Sueño con comprarle su casita. Todo lo que no pude hacer por mi mamá quiero hacerlo ahora por ella, porque es la persona más importante para mí”, asegura.
También piensa en otros jóvenes que aún buscan una oportunidad para estudiar. Y recuerda una frase que le repetía su madre: “Siempre hay una oportunidad, no hay que rendirse”.
Como parte de las celebraciones por el Día de la Madre, la historia de Hilda y Ángel refleja cómo el amor, la dedicación y la esperanza pueden transformar vidas.