
- Las empresas peruanas aceleran su transformación digital, pero pocas entienden que su red es la columna vertebral que soporta la adquisición, transporte y procesamiento de datos, habilitando la generación de valor y la diferenciación competitiva.
Durante años, la infraestructura de red fue considerada un componente operativo: necesario, pero invisible. Hoy, esa visión ha quedado atrás. En un entorno empresarial donde cada proceso depende de datos, automatización y servicios en la nube, la conectividad se ha convertido en un activo estratégico que impacta ingresos, eficiencia, experiencia de clientes y hasta reputación corporativa.
De acuerdo con el estudio “Desafíos y Tendencias para las empresas en Latam 2025” de EY, más del 70% de los ejecutivos consultados afirma que la Inteligencia Artificial (81%), Cloud (79%) y Analytics & Big data (75%) serán las tecnologías disruptivas para su industria en los siguientes tres años. Todas estas tecnologías requieren de redes resilientes, confiables, de alta velocidad y amplio alcance, junto con sistemas de gestión inteligentes que brinden alta visibilidad y control para administrar el flujo óptimo y eficiente de datos.
Para Luis Ladera, Director de Desarrollo de Negocios de DIMA, la verdadera discusión no es la cobertura, sino la competitividad. “Las empresas que todavía ven la infraestructura de red como un gasto técnico están limitando la generación de ventajas estratégicas. Hoy la red es clave para impulsar la productividad, la innovación y la continuidad operativa”. Con la integración de tecnologías como 5G avanzado, edge computing, SD-WAN y la proliferación de puntos de intercambio de contenido y tráfico de internet (IXP), las empresas pueden diseñar flujos de tráfico más eficientes, reducir latencias y mejorar la experiencia digital de clientes y colaboradores.
Por ejemplo, cada transacción digital, sistema ERP y plataforma de atención al cliente depende de una red estable, ya que una interrupción no solo frena las operaciones, sino que impacta directamente en los ingresos; de hecho, organizaciones con infraestructuras robustas pueden reducir costos entre 5% y 15%, y disminuir riesgos de ciberseguridad. En sectores como minería, banca, retail y manufactura, la red conecta sensores, maquinaria y soluciones de inteligencia artificial, convirtiéndose en plataformas digitales que sostienen toda la operación. “Invertir en el diseño y la infraestructura de red no es estética tecnológica, es una decisión estratégica que permite generar ventajas competitivas, actuar en tiempo real, proteger el flujo de caja y asegurar resiliencia ante crisis”, sostiene Luis Ladera.
En la actualidad, el impacto también alcanza al cliente. En mercados altamente competitivos, la experiencia digital define la fidelización. Una plataforma lenta, pagos que fallan o caídas en sistemas afectan la percepción de marca en segundos. La conectividad, por tanto, influye directamente en el posicionamiento. Además, con el crecimiento del trabajo híbrido, la red sostiene la productividad distribuida. Empresas que han optimizado su infraestructura de conectividad reportan mejoras en colaboración, reducción de tiempos muertos y mayor capacidad de escalar operaciones sin incrementar costos estructurales.
La conversación empresarial ya no debería centrarse en si invertir o no en tecnología de red, sino en cómo convertirla en una ventaja sostenible. Redes definidas por software, automatización, monitoreo inteligente y arquitecturas híbridas forman parte de una nueva generación de infraestructura que permite crecer con agilidad. La conectividad dejó el sótano técnico y subió al piso ejecutivo. En un mercado donde la velocidad de adaptación define el liderazgo, la red no es un cable invisible: es un activo crítico para el crecimiento empresarial. “En la economía digital, la competitividad no depende solo del talento o del capital. Depende también de qué tan sólida, óptima y preparada esté la infraestructura digital que sostiene todo”, concluyó Ladera.